Llevo noches enteras durmiendo sola en una cama gigante, mirando un techo que está al menos a tres metros de mi cuerpo, que sostiene ventanas gigantes que lo unen con el suelo.
Atrás el mar hace de canción de cuna y los resortes gastados de esta cama vieja desean ser tus brazos y tu cuerpo pegados a mi.
El poeta maldito en mi mesa de noche, me lleva a tu lugar en el mundo, me acerca al arte y me maldice por ser cobarde y no estar ahí contigo.
Duermo tranquila, soñando que esta cama que me anida son tus brazos y el ruido de las olas tu respirar.
Pero despierto sola, y la cama se siente aun más grande de lo que es y salgo rápido para no sentir tu ausencia, para que la melancolía no me abata, no arruine mi día.
Porque hace mucho tiempo que no dormía noches enteras, que no descansaba como en tus brazos, que no escuchaba al mar romper en el los muros de esta casa antigua de techos altos.
Llevo noches enteras pensando ti, días completos llenos de nostalgia y un deseo en el alma rota de verte otra vez.
19/1/09
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